CONTAMINACIÓN DEL LAGO DE ATITLÁN


Sus aguas aún son cristalinas, con todo y que sus dos únicos afluentes son ríos de aguas negras. Sin embargo, el deterioro ambiental amenaza con destruir su entorno, lo cual, de no detenerse, terminaría en un período no mayor de 10 años con la reserva de agua más grande del país.El desbalance ecológico de los otros grandes lagos guatemaltecos, Izabal, Petén Itzá y Amatitlán, el más dañado, no es comparable con el de Atitlán. Este ha logrado sobrevivir por una defensa natural: su gran volumen de agua, es considerado el más grande que puede ser potabilizado en Centroamérica.Resulta imposible no hacer una comparación entre los embalses de agua más famosos del país, ya que se trata de lagos: Amatitlán y Atitlán. Ambos tienen en común, mucho más que sus últimas cinco letras. En el ocaso del Siglo XX, el crecimiento urbano y la proliferación de residencias, en sus orillas, incrementaron la contaminación de sus aguas, que en el caso de Amatitlán, al grado que uno está en agonía y el otro en peligro, pese a contar con buenas defensas naturales para sobrevivir.En Atitlán los problemas no son irreparables. El lago puede rescatarse, pero requiere de acciones inmediatas, pues según los estudios de luminología, ciencia que estudia los lagos, es un estanque que se encuentra en transición, en estado eliogotrópico, es decir, con ecología estable, mientras que su homólogo amatitláneco es calificado como eurotrófico, o, en otras palabras, de ecología mala.Lo único que necesita es mantenimiento y evitar que continúe la contaminación, señaló Juan Skinner, director ejecutivo de la Autoridad para el Manejo Sustentable de la Cuenca del Lago de Atitlán y su Entorno (AMSCLAE).Los estudios de la recién formada entidad, aunados a los de otras asociaciones como Amigos del Lago y otros, señalan que el principal problema es la contaminación de agua, derivada del crecimiento urbano y de las descargas de aguas residuales en sus únicos dos afluentes: los ríos Quiscab y Panajachel.Una fuente de riquezaLa imagen recurrente de Atitlán se asocia con el descanso: paseos en lancha, noches bohemias en alguna playa pública, buceo. Pero el lago es más que eso. Ciertamente, la industria del turismo, genera anualmente recursos estimados en US$ 30 millones anuales (Q210 millones), dato que, por curioso que parezca, refleja que el mayor número de visitantes no proviene del extranjero, sino del territorio nacional, y que se trata especialmente de visitantes indígenas.Verónica Zachrisson, de Amigos del Lago, declaró en una entrevista hace dos años que los indígenas llegan de todos los rincones, simplemente para admirarlo.Mientras tanto, las aguas lacustres en cuestión sirven de fuente para abastecer del vital líquido a las 12 poblaciones situadas en sus márgenes, las que debido a la degradación de sus aguas, poseen una alta tasa de mortalidad infantil; allí, las enfermedades gastrointestinales son algo tan común como la alergia que padecen quienes viven en las urbes contaminadas por el smog.Además, la cosecha de tul permite el abastecimiento nacional de petates, la cama ancestral de los indígenas.Los ríos de aguas negrasLos ríos Quiscab y Panajachel, afluentes del lago, son considerados ríos muertos, por su grado de contaminación, causada por desechos humanos. Revivirlos es imposible, pero al menos puede modificarse su carga al procesar las aguas negras que allí se vierten, las cuales provienen de los 12 poblados de las orillas y 10 más de la parte alta de la cuenca.Las comunas de dichos lugares han identificado el problema. Pero de acuerdo con sus conclusiones, la cantidad necesaria para frenarlo, de manera total, asciende a Q150 millones, más cinco años de trabajo para cambiar el actual esquema. Ello permitiría, según Skinner, que la persona que nadara en el lago, tuviera la certeza de que el agua es saludable. Tenemos que rescatar el lago como punto de recreación y conservar su entorno ecológico.Pero no todo es pesimismo, porque el trabajo de rescate ya se inició. Como no se había hecho antes en Guatemala, la municipalidad de Sololá, trata las aguas residuales de la cabecera departamental, antes de vertirlas al río Quiscab. Sus plantas de tratamiento son un ejemplo para el país; de hecho, el municipio de Panajachel va a seguir su ejemplo, con una planta que está por iniciar operaciones.Existen además otros proyectos en diversas comunidades, lo cual conlleva un proceso que, para lograr una totalidad de aguas tratadas en el lago, tiene que ser constante. Fuera de las aguas vertidas por residencias, figuran las que vienen de los Beneficios de Café y de las siembras de una región agrícola, que incrementa su consumo de fertilizantes y pesticidas en un 130 por ciento cada año.Adicionales a los dos ríos, existen 55 vertederos de agua llovida que llegan al lago y los ríos, los que acarrean residuos químicos que causan dos problemas. Por un lado, los pesticidas, que son veneno puro y acaban con toda forma de vida; por el otro, los fertilizantes que inundan de nutrientes y permiten la reproducción constante de bacterias y microorganismos.La acción de sol multiplica el crecimiento de estos microorganismos y se nota cuando las aguas dejan de ser transparentes. Ello apenas es apenas perceptible en el lago, por el volumen de agua que existe, comenta Skinner.Amenazas LegalesEl director ejecutivo de la Autoridad para el manejo Sustentable de la Cuenca del Lago de Amatitlán y su Entorno (AMSCLAE), Juan Skinner, se muestra optimista por el trabajo de tratamiento de aguas residuales iniciado en 10 comunidades.Sin embargo, le preocupa el proyecto nacional de Aguas Residuales, porque autorizaría verter residuos en cualquier río o lago que nao esté contaminado.Creo que la ley debe ser un piso, pero cada autoridad de cuenca ha de observar sus propias normas, de acuerdo con sus necesidades, aseguró.

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